viernes. 30.09.2022

'Supremacismo blanco", cuando la política se mezcla con el deporte

Carlos Rey, psicólogo y coach, con amplia experiencia en el terreno deportivo, analiza en MÁS ATLÉTICO los acontecimientos que enturbiaron el pasado derbi desde una perspectiva original. Una reflexión hecha desde el más absoluto rechazo al racismo, pero también desde el cuestionamiento del "supermacismo blanco". "A algunos no solo les basta la supremacía deportiva (que no la tuvieron), sino también la moral (que tampoco)."
Vinicius Jr. durante su particular show en el derbi
Vinicius Jr. durante su particular show en el derbi

Si nos ajustamos a un contexto ideológico, el concepto de supremacismo correspondería con la “Ideología que defiende la preeminencia de un sector social sobre el resto, generalmente por razones de raza, sexo, origen o nacionalidad.” (RAE). Encontraríamos numerosos ejemplos de ello en fenómenos históricos de antaño, como lo fue el nazismo en la Alemania de mediados de siglo XX o el supremacismo blanco que profesaba el KuKluxKlan a mediados y finales del siglo XIX. Pero también en fenómenos por desgracia tan actuales como la evidencia nostálgica de “la gran madre Rusia” en el conflicto de la invasión de Ucrania o cualquier manifestación nacionalista frente al fenómeno migratorio.

Si, por el contrario, nos ajustásemos a un contexto deportivo, el “supremacismo blanco bien podría simbolizar determinadas actitudes de superioridad que manifiestan algunos sectores asociados a determinados clubes de fútbol, en relación a su prolífico éxito deportivo, frente a los que deciden “libre y voluntariamente” serles fieles a otras “disciplinas o parroquias”.

Hasta aquí, supongo que queda claro, que se trata de cosas afortunadamente muy diferentes. Que no se puede comparar la sana rivalidad deportiva con el gratuito odio infundado por oscuros intereses.

El problema viene cuando unos y otros conceptos se mezclan (quizá por oscuros o claros intereses) y convertimos una fiesta del fútbol español (como debería ser un derbi entre dos de los mejores equipos de Europa), en una especie de batalla entre el bien y el mal, en donde a uno (con la venia de sus señorías de los Mass Media) es el “bueno” o la “víctima”, y el otro es el “malo” o el “culpable”.

En una sociedad tan polarizada como la que nos encontramos actualmente, encender la mecha del odio, puede ser un acontecimiento de consecuencias imprevisibles.

Desafortunadamente, no son recientes las campañas de desestabilización que se producen en los prolegómenos de un derbi. Desde contactos con el jugador estrella de turno, pasando por el exceso de análisis y/o crítica del equipo rival, hasta orientar el interés del espectáculo a algo tan circunstancial como hacerle un simbólico homenaje al campeón de la competición, como si de un escarnio se tratase. Sin embargo, lo sucedido en el último derbi clama al cielo. En una sociedad tan polarizada como la que nos encontramos actualmente, encender la mecha del odio, puede ser un acontecimiento de consecuencias imprevisibles.

Por ponernos en situación, mucho se ha hablado de la polémica originada a partir de unas declaraciones ampliamente descontextualizadas del capitán del Atlético de Madrid Jorge Resurrección “Koke”. Muchos se apresuraron a señalarlo como el culpable e instigador al odio, por reflejar que algo tan real como cotidiano, que supondría que un futbolista (sea éste cual fuese) del equipo rival (en este caso el Real Madrid), celebrase un gol delante de la afición rival. Todos los mass media que cubren la información deportiva se lanzaron como buitres carroñeros a enjuiciar dichas palabras (“Habría lío”), como si se tratasen de una especie de amenaza. Quien conoce de cerca al futbolista del atlético y de la selección española, puede confirmar rápidamente que este perfil de futbolista no se trata del típico y polémico deportista, sino más bien al contrario, siempre intentando rebajar los ánimos para centrarse en lo esencialmente importante del deporte. Pocos repararon en el tipo de pregunta que se le estaba haciendo al deportista para iniciar esta polémica absurda que hoy nos ocupa y que se ha convertido poco menos que en una cuestión de Estado (¿Qué pasaría si un jugador del equipo de máxima rivalidad celebra un gol delante de vuestros aficionados? - ¡¿Qué clase de pregunta es esa?!).

Si a este comentario descontextualizado, le sumamos un comentario racista de otro “periodista/tertuliano” en el espacio amarillista de turno, tenemos los ingredientes ideales para cultivar el caldo de cultivo de los esperpénticos sucesos acontecidos el día D a la hora H.

Días de después de la resaca, pasó el derbi, pasó lo que muchas otras veces pasa, pero queda el mal sabor de boca de que, lo más importante en un espectáculo deportivo, fue de todo menos deportivo.

Días de después de la resaca, pasó el derbi, pasó lo que muchas otras veces pasa, pero queda el mal sabor de boca de que, lo más importante en un espectáculo deportivo, fue de todo menos deportivo.

Pensar que dos individuos de la misma especie (por distinta que sea su tonalidad de piel), no son completamente iguales o ampararse en el concepto erróneo de raza (contradicho científicamente hace largo tiempo), para acosar a un deportista es tan inmoral, como lo es el hecho de juzgar a toda una entidad o colectivo y su afición, por unos pocos que, tildando a otros de animales, no dejan de reflejar su propia naturaleza.

Ojalá algún día todos (y digo TODOS), rememos en la misma dirección, intereses claros u oscuros aparte. Mientras tanto, me queda la sensación de que a algunos no solo les basta la supremacía deportiva (que no la tuvieron), sino también la moral (que tampoco).

Aúpa Atleti

Carlos Rey (Socio nº 26.930)

CEO / Cofundador

UPAD Psicología y Coaching

'Supremacismo blanco", cuando la política se mezcla con el deporte
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