sábado. 24.02.2024

Un asedio del Atlético queda sin premio y toca remontar en San Mamés, tras pegarse un tiro en el pie

La ida de semifinales de la Copa del Rey fue un ejemplo de partido en que jugar más y mejor que el rival no siempre tiene como resultado la victoria. El Atlético de Madrid puso el fútbol y el dominio casi absoluto en el campo, pero un 'penaltazo' absurdo de Reinildo dio el triunfo al Athletic Club de Bilbao. Tocará remontar en San Mamés.
Morata, a punto de marcar / Foto: ATM
Morata, a punto de marcar / Foto: ATM

Llevaba el Atlético de Madrid sin perder en el Metropolitano más de un año, 28 partidos seguidos. Desde enero de 2023 no doblaban la rodilla los de Simeone en casa. El infortunio, sin embargo, y un error puntual decidieron que el día en que menos se debía por motivo alguno quebrar esa estadística, la estadística se rompiera.

El Atlético puso el buen fútbol, los ataques, el dominio, el control del balón y, durante los últimos 60 minutos, un asedio constante que encerró al Athletic Club en su área. Pero los encuentros donde te lo juegas a todo o nada se suelen decidir con frecuencia por detalles, y ahí sí que estuvieron mejor los de Ernesto Valverde. Muy serios y ordenados, actuando  casi como si tuvieran más oficio que los de Simeone, dejando su portería a cero y castigando con gol el más mínimo error del rival. Detalles.

Arrancaron los del 'Cholo' determinados a ir a por la victoria desde el pitido inicial. El recibimiento en rojo antes del partido en la explanada del estadio y la atmósfera que emanaba de las gradas del Metropolitano insuflaban aliento.

Desde el área de Jan Oblak hasta los dominios de Julen Aguirrezabala -el chaval guipuzcoano se marcó un partidazo- el Atlético trasladaba la pelota con un gusto formidable. Se desplegaba de forma armoniosa y prometía una noche de fiesta a los suyos.

Cierto que prácticamente sólo atacaba por la banda de Samu Lino. El carrilero estuvo formidable de principio a fin. Para recordar lo que hizo para evitar el que pudo ser segundo gol del Athletic. Salvó in extremis pegándose en el minuto 75 un sprint de 60 metros, que fue ovacionado por el Metropolitano. El esfuerzo no se negocia. 

 El ala derecha de Nahuel Molina casi se mantuvo inédita los primeros 45 minutos. Esta circunstancia restó enormemente posibilidades al Atleti, porque los bilbaínos pronto asumieron que, si tapaban el carril de Lino, tenían gran parte del trabajo hecho, toda vez que Nahuel apenas asomaba y, cuando lo hacía -y lo hizo realmente poco-, era tan previsible como ineficaz en sus centros. No se comprende que el argentino siempre intente colocar balones por alto cuando en el ataque atlético no está Morata, sio Memphis Depay (1,78). El holandés carece del físico necesario para enfrentarse por alto a los centrales de casi 1,90 que posee el Athletic.

TIRO EN EL PIE

Pese a encauzar casi todo el caudal ofensivo por la senda de Lino, el Atlético tuvo varias ocasiones a cargo del propio brasileño y de Depay, siempre por bajo, nunca centros aéreos, como se empeñaba fútilmente Nahuel Molina. La fórmula que parecía funcionar consistía en el juego combinativo en banda izquierda entre Pablo Barrios -estupendo partido un día más del canterano- y Lino. Enre los dos le buscaban las cosquillas a la zaga bilbaína, mezclando muy bien con Rodrigo de Paul (enorme también el argentino).

Pero cuando mejor estaba el Atlético, Reinildo, que hasta el momento había secado a Iñaki Williams, cometió una doble imprudencia máxima. En la primera de ellas se salvó de milagro: condujo el balón en dirección a su propia portería, se frenó a medio metro de la línea de gol, Iñaki Williams le robó la cartera por detrás y sólo un milagro evitó males mayores. 

En la segunda sin embargo, esa tragedia sucedió. No había pasado ni un minuto y, seguramente aún con el susto en la cabeza, Reinildo se lanzó de forma absurda con las dos piernas sobre la tibia de Beñat Prados, dentro del área.

Nadie discutió un penalti tan evidente como estúpido. La única discusión se produjo en si el árbitro Hernández Hernández acertó o no mostrándole amarilla al defensa rojiblanco o debió penalizar con roja. Posiblemente la amarilla fue lo justo. El tiro en el pie, en todo caso, significó el 0-1.

ASEDIO TOTAL

Si en la primera mitad el Atlético dominó claramente, en toda la segunda ese dominio se transformó en un asedio absoluto del área bilbaína. Es verdad que los defensas de Valverde no vivieron en una agonía insoportable, pero la sensación sí era de que más pronto que tarde el gol iba a llegar. 

Pero no llegó. Y eso que Simeone volvió a acertar con casi todos los cambios -seguramente debió mantener a Pablo Barrios- y las entradas de Marcos Llorente, Álvaro Morata, Ángel Correa y, sobre todo, un brillante Mario Hermoso, metieron al Athletic casi en su propia portería.

El Atleti atacaba y atacaba. Presionaba arriba y robaba la pelota a los pocos segundos, con un fantástico todo el encuentro Axel Witsel. El saldo fue en la segunda mitad de 85% de posesión del balón a favor de los de Simeone. Y no una posesión horizontal y plana -efecto parabrisas-, sino con verticalidad y empuje.

Morata tuvo la más clara, tras centro cruzado de Mario Hermoso, pero falló el control justo cuando la iba a empujar adentro. 

Correa también vio dentro un remate suyo, pero la sacó Dani Vivian sobre la línea de gol, con Aguirrezabala ya batido. 

Y en el tiempo de descuento, llegó lo que parecía la más que merecida justicia. Antoine Griezmann (muy apagado durante casi todo el encuentro) envía dentro del área a Morata, que es claramente derribado. Penalti.

Sin embargo, la falta de justicia poética parecía que debía consumar su crueldad con el Atleti esa noche. El VAR revisó la jugada, no por el penalti -que era notorio y nadie protestó- sino por la posición de Morata. Se tiraron las líneas y se dictaminó que milimétricamente el delantero centro del Atlético podía tener media rodilla adelantada. Penalti anulado. Tocará buscar la heroica en San Mamés. Palabras mayores. No será nada sencillo. Tampoco imposible.

Un asedio del Atlético queda sin premio y toca remontar en San Mamés, tras pegarse un...