jueves. 18.04.2024
Nico Williams, uno de los goleadores del Athletic / Foto: ATM
Nico Williams, uno de los goleadores del Athletic / Foto: Foto: @AthleticClub

El Atlético de Madrid culmina su febrero del horror con una dolorosa derrota en San Mamés que le aparta de la final de la Copa del Rey. Y lo hace  volviendo a mostrar los preocupantes síntomas que atenazan al equipo fuera de su estadio desde hace muchas salidas. Pero esta vez, a la falta de  ideas y de contundencia se le sumó la falta de reacción, la incapacidad para combatir con orgullo los goles que alejaban al Atleti de un título.

Enfrente tuvo un equipo, el Athletic, que siempre supo jugar a lo que tenía que jugar para sacar provecho de su ventaja. Lo hizo en la idea y lo bordó en la vuelta. Los Williams a la carrera desmoronaron una defensa de mantequilla y finiquitaron la semifinal con la efectividad que el Atlético está siendo incapaz de mostrar.

EL ATLETI JUEGA, EL ATHLETIC MARCA

No se le puede reprochar falta de actitud al arranque del Atlético. Salió al campo sin ansiedad pero con determinación, capaz de superar la línea de presión del Athletic y de plantarse con peligro en el área rival. Por dos veces Lino y Hermoso dispararon a puerta, mucho más flojo de lo recomendable, antes de que llegara el primer gol del Athletic. Fue tras un prometedor ataque de Lino, que después de hacer dos caños cayó al suelo en aparente falta. Mientras protestaba la posible infracción, Iñaki Williams ya corría libre por su banda mientras por la otra lo hacía su hermano Nico con el balón. El pase entre hermanos lo mandó de primeras el mayor a la red con poca oposición de Oblak. 

De nuevo volvió a demostrar el Athletic que no necesita más argumentos para marcar que un robo, una contra y el acierto de cara a gol que están mostrando los Williams. Siguió apretando el Atlético, combinando bien y haciendo ocasiones como la de Correa a los 30 minutos que disparó muy alto cuando tenía toda la portería para él. Y mientras el equipo del Cholo hacía lo que tenía que hacer pero sin marcar, los Williams volvían a aprovechar cada jugada. Otra contra lanzada por los hermanos la remató esta vez a gol Nico, adelantándose a Savic en el área pequeña. Dos jugadas, dos goles. El Atleti puso todo lo demás, lo que no vale para nada si no se concluye en gol.

EL DILEMA DEL ATLETI

El Atlético se preguntaba qué estaba haciendo mal para ir perdiendo por dos goles (tres si lo ampliamos a toda la eliminatoria). Y sobre todo se preguntaba qué podía cambiar para ser más efectivo y buscar la remontada sin que eso supusiera regalar más autopistas hacia Oblak a los Williams. Una difícil tesitura que no supo resolver el técnico ni los jugadores en una segunda parte que arrancó sin novedades en el once.

Esa sensación de no saber qué hacer se trasladó inmediatamente al campo donde no sólo no hubo reacción del Atleti sino que fue el Athletic el que parecía tener que meter los goles. Sin ideas y sin creer en sus posibilidades, el Atlético permitió a los bilbaínos fallar un par de ocasiones claras a Sancet y Guruzeta. Fue este último el que acabó marcando a placer el 3-0 en el 60 entre la pasividad de la defensa y un mal rechazo de Oblak. Si quedaba alguna duda, el Atleti ya estaba fuera de la final.

A partir de ahí el Athletic dio un paso atrás y se dedicó a dejar pasar el tiempo. El Atleti empezó entonces a acumular acercamientos con toca poca fe que en ningún momento dio la impresión de que trataran de honrar aquello del "Nunca dejes de creer". Porque Lino, Memphis, Riquelme, Morata  o Saúl acumularon buenas ocasiones de gol antes del final que, quizá con más entusiasmo, habrían puesto en dificultades a Aguirrezabala. No estaba el día para remontadas, nadie transmitía esa energía en el cuadro del Cholo. Nada iba a poner en duda la victoria y la final de un Athletic de Bilbao que esta temporada siempre ha sabido cómo jugarle al Atlético.

 

El Atleti sufre una pesadilla en San Mamés