lunes. 04.03.2024
Feyenoord 1-3 Atlético de Madrid

Trabajo y fortuna se alían en una victoria que clasifica al Atleti

El Atlético de Madrid logró su clasificación matemática para octavos de final de la Champions League con una meritoria victoria ante el Feyenoord. Un partido que el Atleti afrontó con fortaleza y seguridad y en la que contó como aliada con la suerte que no tuvo en otras ocasiones.
El golazo de Hermoso / Foto: ATM
El golazo de Hermoso / Foto: ATM

Tantas veces no ha acompañado la diosa Fortuna al Atlético de Madrid en Champions en los últimos tiempos que no era de extrañar que algún día la diosa más caprichosa del Olimpo romano restañara tanta afrenta de golpe. Tres balones sin intención clara de convertirse en goles lo acabaron siendo por intervención divina pero, ojo, que para eso hubo de existir la ocasión y para la ocasión fue necesario el trabajo, la intensidad y la calidad.

EL ATLETI PLANTA CARA EN THE KUIP

6 partidos fuera de casa sin ganar en Europa el Atleti, desde hace más de año y medio; un campo, The Kuip, que había visto ganar al Feyenoord sus dos partidos en casa de la fase de grupos; un ambiente en la grada para atemorizar; una lluvia que convertía el terreno en una pista para velocistas; y el Atleti de verde... No parecía el mejor escenario para salir airosos de Rotterdam, pero se hizo.

El Atlético firmó su clasificación para octavos en un partido notable del equipo del Cholo, jugado con mucha personalidad frente a un combativo Feyenoord, que imprimió velocidad e intensidad a su juego mientras le duraron las baterías. Otra cosa es el acierto ante la portería. Tanto hablar de Santi Giménez sirvió para mojar la pólvora del delantero mexicano que suena reiteradamente para el Atlético.

También tuvo la pólvora mojada Álvaro Morata. No hay motivo aún para la alarma pero tuvo dos ocasiones muy claras para dejar en una anécdota que al final los goles llegaran de churro. Un cabezazo fuera en el área pequeña... Un mano a mano con el portero... Justo esta jugada que acabó en córner fue el origen del primer gol. Tras el saque, el balón llegó a Llorente, que en posición forzada mandó un balón alto y manso al área que nadie se atrevió ni a despejar ni a rematar. Al final golpeó sin querer sobre Geertruida y para adentro. Gol tonto del día.

Entonces el Atlético dejó mandar al equipo neerlandés pero sólo de boquilla porque la buena presión, los desatascos de Griezmann, otra vez soberbio en todas sus funciones, y la velocidad en las contras propiciaron nuevas ocasiones para los rojiblancos (bueno, los verdes). Aún así el Feyenoord no perdió la cara al partido. Necesitados como estaban de una victoria para sobrevivir en la competición, los últimos minutos de la primera parte fueron de cierto apuro aun con la defensa del Atleti muy bien posicionada.

EL GOLAZO DE HERMOSO

En la segunda parte el Feyenoord siguió rondando la portería de Oblak. Un error (el único en todo el partido) de Witsel, pudo acabar en empate, pero fue el Atleti el que tuvo la más clara con un disparo de Griezmann que rechazó el portero sobre la misma base del palo. En el 57 llegó el segundo gol; el soberbio golazo de Hermoso. Tan soberbio e inesperado fue que no se puede decir que fuera buscado. El caso es que el madrileño, el central, estaba ahí arriba marcando con su dedo el pase que quería para culminar una internada en el área. Primer mérito. La vaselina que siguió después (¿un pase, un disparo, un lo que salga?) acabó pasando por encima del portero para colarse por la escuadra. Nada que estuviera diseñado en la mente de Hermoso pero acabó siendo más bonito que su apellido.

El 2-0 minó la moral del Feyenoord y de su estadio. El temible ambiente de The Kuip se convirtió en una fiesta de los 1500 atléticos presentes. El Atleti empezó a gustarse con buenas combinaciones y con Riquelme creando el pánico por su banda. Jugadas que no culminaron De Paul ni Morata. Y cuando se veía venir el tercero llegó el gol del Feyenoord. Fue en un córner tímidamente defendido entre Molina y Giménez. Casi sin saltar Leo Sauer remató de cabeza a un punto inalcanzable para Oblak.

El gol levantó el griterío del estadio. El Feyenoord, ya con todos sus delanteros sobre el campo, volvió a apretar durante 4 minutos. Sólo 4 porque la fortuna volvió a aliarse con el Atleti en un saque lateral de falta botado por Molina que desvió Santiago Giménez a gol en su propia puerta. Fin del sufrimiento que se esperaba hasta el final. Esta vez nada ni nadie le iba a robar al Atleti su clasificación directa. Se cierra la herida de la pasada temporada y se emplaza al Metropolitano para certificar la primera posición ante la Lazio.

Trabajo y fortuna se alían en una victoria que clasifica al Atleti